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domingo, 27 de enero de 2013

La condición es que trabajen. No más.



Mtra. Victoria Jorge Salvador

Aquí están mis humores y opiniones;  
los doy porque están en mi   creencia,  
no porque haya que creerlos
                                                                                                                                                                  Michel Montaigne. 





Todo escrito tiene historia.
           
            El verbo escribir, a diferencia de otros,  si tolera imperativos. Gracias a ello, este escrito es.
 __  Maestra ¿podría escribir algo sobre investigación educativa, para la revista? Inquirió mi jefa
 ___Y yo… si como no, con gusto.
 Luego de unos días ¿Ya tiene su escrito?
  Y  a la semana siguiente ¡y su escrito¡ (con voz imperativa) 
Más adelante  ¡ring!, ring!  __Sólo llamo para decirle cómo va… el escrito,  !obvio¡

            El   mandato de la  jefa, del área de investigación de la Escuela Normal Profr. Rafael Ramírez pululando al oído, oteando mi conciencia.  Pepe grillo en acción. El imperativo de escribir debo obedecer:  cómo iniciar, qué decir… sobre los talleres de lectura, sobre la tutoría, sobre la escritura del ensayo. Triada en disyuntiva, por ser  temas que me gustan.  El carácter democrático de la escritura me permite hablarlos o callarlos. Finalmente decidí callar. Nada y nadie me lo impide, pensé y los eliminé de raíz para evitar  su  coqueteo  y me  quedé lo siguiente:
  
            Es el año 2009,  el Programa Escuelas de Calidad  (PEC), avalado por  la  Secretaría de  Educación Guerrero (SEG) invita a un grupo de profesores del nivel superior  a colaborar en una investigación, que tuvo como universo  algunas  escuelas de nivel básico, previamente seleccionadas bajo criterios establecidos por el propio programa . El  propósito es  explorar nuevos ámbitos de intervención en la política educativa que desde  una lógica diferente contribuyera a mejorar el funcionamiento y logros de las escuelas del nivel básico.    Acepté, y  junto con el Dr.  Jorge Alsina y Valdés participé  en  una investigación  de corte cualitativo  para develar el  funcionamiento exitoso  de una escuela telesecundaria, enclavada en una zona  rural de la Región Centro del Estado de Guerrero.

El  método
            Abordamos la indagación  desde una perspectiva cualitativa. A diferencia de lo que sucedería en un estudio cuantitativo, nuestro análisis  permitió registrar la información según el carácter significativo de ésta. Construimos el caso a partir de situaciones y relaciones sociales observadas, mientras se manifestaban de forma natural y espontánea. Es por eso que, durante la observación en la escuela, lo que  nos  interesó fue apreciar las interacciones a distancia, así como la manera en que los adolescentes se movían por la escuela.

            Aunque contábamos con una guía de observación, gran parte del registro cualitativo consistió en la recolección de los datos, según se fueron presentando y no necesariamente a partir del orden y el formato propuestos por la guía. Nuestra intención fue  mostrar el caso en su singularidad, tomando en cuenta que algunos aspectos son únicos de esta institución,  mientras que otros son de aspecto general y pueden servir como base para inferencias teóricas de distinta naturaleza.

            Presentamos nuestra visión de la Telesecundaria Sor Juana Inés de la Cruz más como una narrativa que como un informe técnico o científico. Los medios más recurrentes para aproximarnos  a los sujetos  in situ  fueron la observación y la entrevista. Al valernos de la observación y la entrevista cualitativa para aproximarnos al estudio, surgieron preguntas en torno a la objetividad del reporte.

            ¿Deseamos producir una narrativa desde una posición de investigación externa que pueda contradecir incluso las perspectivas de las personas involucradas,  o se trata de presentar la caracterización de cada caso en sus propios términos, en su propia circunstancia? Puesto que tal contraste es inevitable cuando el caso involucra a varios individuos, decidimos que nuestra finalidad  debía ser   mostrar lo observado desde fuera, al mismo tiempo que dábamos la voz a los actores y fungíamos como vehículo de su expresión, más que como investigadores en busca de informantes.

            La narrativa del estudio gira en torno a la pedagogía de la escuela, la cual resultó ser una combinación de estrategias, esfuerzos de gestión y administración de recursos, así como de la participación y el interés de la comunidad de padres de familia. En este caso, el reconocimiento de la comunidad debido a su impacto en el exterior resulta relevante. Partimos de la pregunta: ¿qué hace que esta escuela sea exitosa?

            Como investigadores,   construimos el caso a partir de situaciones y relaciones sociales observadas mientras se manifestaban de forma natural y espontánea. El producto final de la indagación  fue publicado  en el libro, Gestión y calidad de la educación básica: casos ejemplares de las escuelas públicas mexicanas” De  este trabajo rescato lo siguiente:

Contexto
            Cuarenta y dos kilómetros de distancia nos separan  de la capital, Chilpancingo. Primero, treinta y cuatro  en asfalto. Luego, ocho en terracería. Enseguida, ya para llegar, el paisaje es abierto, prácticamente libre de árboles y de otro tipo de vegetación. A medida que nos aproximamos, el agreste camino muestra su suelo pedregoso y difícil. El recorrido se realiza sin problemas, aunque es notorio que, en tiempo de lluvias,  se convierte en una ruta complicada.
           
            Hemos llegado a Zotoltitlán, cuya cabecera Municipal es Mártir de Cuilapan, en el Estado de Guerrero. Tan pronto  como pudimos nos trasladamos a nuestro destino final, la Escuela Telesecundaria Sor Juana Inés de la Cruz.  Esta institución fue previamente seleccionada, por cumplir los estándares de calidad establecidos por el PEC y concursó  para hacerse merecedora del Reconocimiento Guerrero a la Calidad Educativa. Estamos aquí para  ver: ¿Qué hace que esta escuela sea exitosa? 

Nadie nos espera.
            La telesecundaria cuenta con tres maestros y un director.  Fundada por un comité de ciudadanos en 1994, poseía 12 alumnos inscritos. Desde entonces es sostenida por la comunidad. En 1997, las autoridades municipales construyeron las primeras dos aulas y, tres años más tarde, se edificó el resto de las instalaciones que hoy posee. Por gestiones adicionales, entre los años 2005 y 2008, lograron la construcción  de un aula adicional, del cerco perimetral de 243 metros (el director de la escuela, el maestro Porfirio Palacio, hace hincapié en lo difícil que resultó gestionar el levantamiento de esa cerca), la cancha de basquetbol y las instalaciones sanitarias. Todo se encuentra en excelente estado de mantenimiento y limpieza. La escuela está ubicada en una loma a la entrada del pueblo. La tierra alrededor es árida y rocosa. Resulta sugerente ver como la tenacidad logra  que, entre las piedras, surja la vida como “una promesa de futuro” como indicó el director refiriéndose a los y las estudiantes también. Se trata de una zona pobre.  Una región productora de mezcal y con graves problemas de alcoholismo.

            El terreno de la escuela está compuesto por áreas verdes[1] y posee algunos árboles que prosperan gracias al cuidado de estudiantes y maestros. Esas áreas demuestran la manera en que los actores escolares asumen sus tareas con compromiso y con un sentido de futuro simbolizado en el cuidado de las plantas.

            Nuestra visita resultó totalmente inesperada, decisión tomada a priori, para evitar situaciones artificiales por parte de los profesores. No hubo poses obligadas, ni trucos aparentes, ni guiones preestablecidos,  ni mucho menos ropajes adicionales. La obra escenificada a capella. Vimos a cada actor protagonizando in situ su papel, no más.

            Previo a  esto, ningún investigador los había contemplado y la escuela telesecundaria  y sus actores se desarrollaban en el total anonimato. No esperaban a nadie y nadie los esperaba. El  poeta portugués  Pessoa  lo expresa así:

He venido aquí a no esperar a nadie,
A ver a los demás esperar
A ser todos los demás esperando
A ser  la esperanza de todos los demás

            Al cruzar el área perimetral de la misma, delimitada con alambre de púas, nadie nos esperaba, nadie nos conocía, ni conocíamos a nadie.  Encontramos  a  sesenta y cinco  alumnos (más o menos equilibrados en términos de género)   tres  anónimos profesores  y un líder identificado como el director. En total, cuatro actores escenificando la vida  cotidiana de la institución. Su tarea principal por antonomasia es  enseñar. Esta actividad reforzada por dos  etéreas herramientas:  (que ellos mismos indicaron en sus conversaciones y más tarde constatamos) la entrega y el compromiso. Son la cabeza y el corazón  que les mueve  hacer su tarea minuciosa.

            Antes de nuestra  visita no esperaban a nadie. Para ellos  la esperanza no es un regalo. Más bien es una desgracia. Esperar es siempre estar en falta, es desear lo que no se tiene y en consecuencia es estar en cierto modo insatisfecho y  ser desgraciado. Cuando se espera sanar es que se está enfermo; cuando se espera ser rico es que se es pobre. De manera que la esperanza, consideran,  es mucho más un mal que un bien y por eso trabajan  sin esperar nada a cambio. Ellos trabajan  con y sin la luz del big bhother, su trabajo es totalmente anónimo e invisible . En el aula de tercer grado, encontramos a un grupo de unos catorce alumnos trabajando  sus libros  en equipos, sin la presencia del maestro.  Al comentar al respecto con el director, este respondió que «van poco a poco aprendiendo a trabajar solos. Ésa es una de las cosas que aprenden aquí». Desde el punto de vista del director, él y los demás profesores procuran fomentar la libertad entre los alumnos y les permiten moverse en sus actividades. «La condición es que trabajen», dice.

 Los  profesores.
            Durante nuestra estancia  observamos un sistema  de trabajo integrado por  padres de familia,  tres  docentes, los alumnos, y un astro mayor identificado como el director; todos articulados por un fino engranaje  de  funcionamiento. Una miscelánea de formaciones converge aquí. Un equipo interdisciplinario conformado por:  un maestro con formación pedagógica, un filósofo, un arquitecto, un ingeniero civil. Babel a la inversa porque esta variopinta gama de perfiles lejos de constituir un obstáculo en el mutuo  entendimiento,  lo afianza. Diversidad es riqueza y en este caso riqueza en beneficio del perfil básico de egreso de los estudiantes de esta escuela telesecundaria.

            Estos  profesores  siempre trabajan  no se detienen en nimiedades, ni en pretextos, ni en creencias validadas por la empiria y la tradición. Simplemente trabajan. Ellos son una prueba diáfana que derriba   el   mito que el docente universitario sesgue sus prácticas  al qué  por adolecer del cómo porque su tarea la hacen bien. Los docentes de esta escuela  validan que  un profesor de carrera no necesariamente es mejor que uno de extracción universitaria.

            En un medio abigarrado, vulnerable y hostil como el que circunda a la Escuela Telesecundaria Sor Juana Inés de la Cruz encontramos profesores de los que inferimos  que  una de sus  pocas satisfacciones que tienen  es hacer asequible el conocimiento a sus alumnos dotándolos de los aperos elementales para esquivar el dogma y la certeza para luego participar como ciudadanos plenos.
            Las aulas, estructuradas formalmente como tales, cuentan con televisores que también permanecen aparentemente en desuso. El hecho es que el sistema permaneció apagado durante el tiempo que pasamos ahí y la antena lucía incluso oxidada (aunque no hicimos más para constatar su funcionamiento). El director de la escuela se refirió a un desfase entre los contenidos del libro, el ritmo de los estudiantes y los temas transmitidos. La escuela no tiene la capacidad para grabar las transmisiones y formar su propia videoteca. Al no contar con equipo para grabar los programas y verlos en otros horarios, se perdía el sentido del uso de la televisión. Lo cierto es que los televisores estaban apagados y se veía polvo sobre los botones de control. No es difícil pensar que hace tiempo no los usan.

            Nos reservamos cualquier opinión en este espacio respecto al sistema de escuelas de telesecundarias en el país, su rendimiento y sus resultados. Nos limitamos simplemente a mencionar que la operación exitosa de esta telesecundaria se sustenta en una acción pedagógica fundamentalmente, si no es que exclusivamente,  presencial.  “Que pedagogos éramos cuando no sabíamos de pedagogía”  ha dicho Pennac,  y esta realidad lo confirma.
     
            El ser humano no sólo necesita conocer, disfrutar, gozar,  propiciar y participar de  la cultura y el arte,  porque  la riqueza del hombre  no sólo es material sino también espiritual, esta última   le permite vivir íntegramente de una manera distinta, plena. Para la mayoría de los estudiantes de  esta  telesecundaria la única vía para disfrutar, las maravillas del Beaubourg y otros espacios afines, es a través de la escuela y sus profesores. En consecuencia, faltar a sus labores significa  privarlos impunemente del más valioso bien escolar, conocimiento. Significa privarlos este legítimo derecho.

            Aunque el conocimiento es intangible y  no podamos tocarlo, ni acariciarlo, ni apapacharlo, ni abofetearlo,  si podemos __y lo hacemos__ manipularlo y hacer uso de él. En este sentido,  un día sin  clases para los alumnos  significa un día sin conocimiento y sus profesores lo saben bien.

            En entrevista, una madre de familia expresa que «de la secundaria no hay ninguna queja». Ninguno de los padres de familia se queja de los maestros. «El director es bueno. Los maestros llegan temprano y son un ejemplo para los niños». Otra madre reitera lo dicho: «el director es bueno, los maestros son trabajadores y nunca salen temprano. Siempre hay clases». Una más agregó: «no era así en la primaria, los maestros llegaban tarde».

            ¡Paradoja¡  una escuela telesecundaria sin “tele” (en uso aparente). No obstante, la  precariedad no es una limitante.  Sus  profesores palian  las  deficiencias materiales con acciones propias. El producto de su intervención: una práctica  sui generis, funcional y  agradable a  juicio del alumnado. Por estas razones   la escuela ha ocupado los mejores  resultados en las pruebas estandarizadas que en este nivel se aplican.

            Desde el año 2010, fecha en que se publicó el libro  Gestión y calidad de la educación básica: casos ejemplares de las escuelas públicas mexicanas” que da cuenta de esta experiencia la escuela  dejó de ser un lugar anónimo  para hacerse  demasiado  visible. Su malla perimetral cayó sin más. Los muros y fronteras artificiales desde los ochentas del siglo pasado siguen cayendo.  La dinámica de la globalización, el trabajo mutantis mutantis de sus profesores y la ubicuidad de la escritura hacen que  hoy  podamos estar en esta escuela, aún sin estar.

            La telesecundaria  sin “tele” de la marginal  población de  “Zoto”, como le dicen los lugareños, contraviene la hipótesis “a mayor infraestructura escolar  mejores resultados académicos”.  Este ejemplo grita en silencio que también con poco se consigue mucho y  que algunas veces el compromiso intrínseco de los actores para con su tarea primordial impacta positivamente; mejor que la infraestructura y el equipamiento de las instituciones. Esto último importa, pero no determina el  éxito de una escuela. En este caso, la “tele”  resultó un  accesorio suntuoso, y  por lo mismo prescindible.

            Después de charlar con todos los actores de la comunidad educativa y efectuar las observaciones directas en las instalaciones, constatamos que  nos encontrábamos ante   el caso de una escuela  única. Una telesecundaria que no basa su actividad pedagógica en  el aparato de televisión, sino en el accionar de sus alumnos, tres singulares profesores y un director.

En suma    
            ¿Qué hace que esta escuela sea exitosa? Varias cosas  esbozadas  anteriormente.  Algunas de ellas no dejan duda para que  la Telesecundaria Sor Juana Inés de la Cruz sea una escuela merecedora del reconocimiento de calidad. 
 El primer punto que pondríamos sobre la mesa es que no hallamos evidencia alguna de que la telesecundaria  base su actividad en el aparato de televisión y, como señalamos, nos preguntamos si este hecho no sería uno de los elementos de éxito de este centro escolar. Para quienes la visitamos, la institución cubre todas las condiciones de una secundaria regular y presencial, con maestros regulares y no con monitores capacitados como tales.

            Otro factor de éxito importantísimo, plenamente reconocido en la literatura sobre la administración escolar, proviene sin duda de la capacidad de gestión y liderazgo del director de la escuela.

            En tercer lugar, resulta inspirador ver lo que esta escuela ha conseguido con lo poco que tiene. Encontrar profesores multiplicando el pan y el pescado no es un hecho muy recurrente en las escuelas de nuestra entidad.  Confirmamos   que el gasto invertido en educación es un pésimo indicador  para la premisa: a mayor presupuesto, mejores resultados.  No siempre lo más costoso es  lo mejor. La calidad cuesta, pero el costo no es la forma de medir la calidad.

            Finalmente ningún curso, ningún taller, ninguna técnica, ninguna  estrategia, ningún material (incluida la televisión) tendrán sentido si no son aprovechados con volición, inteligencia, entrega y convencimiento de los profesores. En la suma de  lo anterior,  encontramos  respuesta a la pregunta inicial  ¿qué hace que esta escuela sea exitosa?


            El imperativo de mi jefa  se cumplió  con un serpenteo de   ideas emanadas del entendimiento de un hecho social observado desde mi perspectiva.  “La condición es que trabajen”  contiene juicios y opiniones emanadas de mis inferencias realizadas a la luz de observaciones y testimonios. Verdades momentáneas. Sin pretensión de generalizarlas. Validas para un espacio íntimo y particular, no más. El lector queda en libertad de compartirlas o no.  Ideas que forman parte de un escrito que pudo haber sido otro y no fue. Pudo ser mejor o no. Finalmente aquí está.  El imperativo de escribir no espera.  


 
Bibliografía.
Pennac Daniel,(1999) Como una novela, SEP México.
SEP, (2010) Gestión y calidad de la educación básica. Casos ejemplares de escuelas públicas mexicanas, SEP, México.
Tofller, Alvin y Toffler, Heidi, (2006) La   Revolución de la Riqueza.  Debate, España


[1] Las áreas verdes de la escuela albergan celosamente algunos arbustos denominados “sotoles”. (planta  que da el nombre al pueblo, casi extinta debido a la sobreexplotación ,). El sotol es una planta herbácea, xerófila y de copa redonda. El nombre común de esta es “cuchara del desierto”, surge del hecho de que cuando sus hojas secas se caen o se arrancan de la roseta son parecidas en su base a la forma de una cuchara


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