Mtra.
Victoria Jorge Salvador
Aquí están mis
humores y opiniones;
los doy porque
están en mi creencia,
no porque haya que
creerlos
Michel Montaigne.
Todo escrito tiene historia.
El verbo escribir, a diferencia de otros, si tolera imperativos. Gracias a ello, este
escrito es.
__ Maestra ¿podría escribir algo sobre
investigación educativa, para la revista? Inquirió mi jefa
___Y yo… si
como no, con gusto.
Luego de unos
días ¿Ya tiene su escrito?
Y a la semana siguiente ¡y su escrito¡ (con voz
imperativa)
Más adelante
¡ring!, ring! __Sólo llamo para
decirle cómo va… el escrito, !obvio¡
El mandato de la jefa, del área de investigación de la Escuela
Normal Profr. Rafael Ramírez pululando al oído, oteando mi conciencia. Pepe grillo en acción. El imperativo de
escribir debo obedecer: cómo iniciar,
qué decir… sobre los talleres de lectura,
sobre la tutoría, sobre la escritura
del ensayo. Triada en disyuntiva, por
ser temas que me gustan. El carácter democrático de la escritura me
permite hablarlos o callarlos. Finalmente decidí callar. Nada y nadie me lo
impide, pensé y los eliminé de raíz para evitar
su coqueteo y me
quedé lo siguiente:
Es el año 2009, el Programa Escuelas de Calidad (PEC), avalado por la
Secretaría de Educación Guerrero
(SEG) invita a un grupo de profesores del nivel superior a colaborar en una investigación, que tuvo
como universo algunas escuelas de nivel básico, previamente
seleccionadas bajo criterios establecidos por el propio programa . El propósito es
explorar nuevos ámbitos de intervención en la política educativa que
desde una lógica diferente contribuyera
a mejorar el funcionamiento y logros de las escuelas del nivel básico. Acepté, y
junto con el Dr. Jorge Alsina y
Valdés participé en una investigación de corte cualitativo para develar el funcionamiento exitoso de una escuela telesecundaria, enclavada en
una zona rural de la Región Centro del Estado
de Guerrero.
El método
Abordamos la
indagación desde una perspectiva
cualitativa. A diferencia de lo que sucedería en un estudio cuantitativo,
nuestro análisis permitió registrar la
información según el carácter significativo de ésta. Construimos el caso a
partir de situaciones y relaciones sociales observadas, mientras se
manifestaban de forma natural y espontánea. Es por eso que, durante la
observación en la escuela, lo que
nos interesó fue apreciar las
interacciones a distancia, así como la manera en que los adolescentes se movían
por la escuela.
Aunque contábamos
con una guía de observación, gran parte del registro cualitativo consistió en
la recolección de los datos, según se fueron presentando y no necesariamente a
partir del orden y el formato propuestos por la guía. Nuestra intención
fue mostrar el caso en su singularidad,
tomando en cuenta que algunos aspectos son únicos de esta institución, mientras que otros son de aspecto general y
pueden servir como base para inferencias teóricas de distinta naturaleza.
Presentamos
nuestra visión de la Telesecundaria Sor Juana Inés de la Cruz más como una
narrativa que como un informe técnico o científico. Los medios más recurrentes para aproximarnos a los sujetos
in situ fueron la observación y la entrevista. Al
valernos de la observación y la entrevista cualitativa para aproximarnos al
estudio, surgieron preguntas en torno a la objetividad del reporte.
¿Deseamos
producir una narrativa desde una posición de investigación externa que pueda
contradecir incluso las perspectivas de las personas involucradas, o se trata de presentar la caracterización de
cada caso en sus propios términos, en su propia circunstancia? Puesto que tal
contraste es inevitable cuando el caso involucra a varios individuos, decidimos
que nuestra finalidad debía ser mostrar lo observado desde fuera, al mismo
tiempo que dábamos la voz a los actores y fungíamos como vehículo de su
expresión, más que como investigadores en busca de informantes.
La narrativa del
estudio gira en torno a la pedagogía de la escuela, la cual resultó ser una
combinación de estrategias, esfuerzos de gestión y administración de recursos,
así como de la participación y el interés de la comunidad de padres de familia.
En este caso, el reconocimiento de la comunidad debido a su impacto en el
exterior resulta relevante. Partimos de la pregunta: ¿qué hace que esta escuela sea
exitosa?
Como
investigadores, construimos el caso a
partir de situaciones y relaciones sociales observadas mientras se manifestaban
de forma natural y espontánea. El producto final de la indagación fue publicado
en el libro, ”Gestión y calidad de la educación básica:
casos ejemplares de las escuelas públicas mexicanas” ” De
este trabajo rescato lo siguiente:
Contexto
Cuarenta
y dos kilómetros de distancia nos separan
de la capital, Chilpancingo. Primero, treinta y cuatro en asfalto. Luego, ocho en terracería.
Enseguida, ya para llegar, el paisaje es abierto, prácticamente libre de
árboles y de otro tipo de vegetación. A medida que nos aproximamos, el agreste
camino muestra su suelo pedregoso y difícil. El recorrido se realiza sin
problemas, aunque es notorio que, en tiempo de lluvias, se convierte en una ruta complicada.
Hemos
llegado a Zotoltitlán, cuya cabecera Municipal es Mártir de Cuilapan, en el
Estado de Guerrero. Tan pronto como
pudimos nos trasladamos a nuestro destino final, la Escuela Telesecundaria Sor Juana Inés de la Cruz. Esta institución fue previamente seleccionada,
por cumplir los estándares de calidad establecidos por el PEC y concursó para hacerse merecedora del Reconocimiento Guerrero a la Calidad
Educativa. Estamos aquí para ver: ¿Qué hace que esta escuela sea
exitosa?
Nadie nos espera.
La telesecundaria
cuenta con tres maestros y un director.
Fundada por un comité de ciudadanos en 1994, poseía 12 alumnos
inscritos. Desde entonces es sostenida por la comunidad. En 1997, las
autoridades municipales construyeron las primeras dos aulas y, tres años más
tarde, se edificó el resto de las instalaciones que hoy posee. Por gestiones
adicionales, entre los años 2005 y 2008, lograron la construcción de un aula adicional, del cerco perimetral de
243 metros (el director de la escuela, el maestro Porfirio Palacio, hace
hincapié en lo difícil que resultó gestionar el levantamiento de esa cerca), la
cancha de basquetbol y las instalaciones sanitarias. Todo se encuentra en excelente estado de mantenimiento y
limpieza. La escuela está ubicada en una loma a la entrada del pueblo. La
tierra alrededor es árida y rocosa. Resulta sugerente ver como la tenacidad
logra que, entre las piedras, surja la
vida como “una promesa de futuro” como indicó el director refiriéndose a los y
las estudiantes también. Se trata de una zona pobre. Una región productora de mezcal y con graves
problemas de alcoholismo.
El terreno de la
escuela está compuesto por áreas verdes[1] y posee
algunos árboles que prosperan gracias al cuidado de estudiantes y maestros.
Esas áreas demuestran la manera en que los actores escolares asumen sus tareas
con compromiso y con un sentido de futuro simbolizado en el cuidado de las
plantas.
Nuestra
visita resultó totalmente inesperada, decisión tomada a priori, para evitar situaciones artificiales por parte de los
profesores. No hubo poses obligadas, ni trucos aparentes, ni guiones
preestablecidos, ni mucho menos ropajes
adicionales. La obra escenificada a capella.
Vimos a cada actor protagonizando in situ
su papel, no más.
Previo
a esto, ningún investigador los había
contemplado y la escuela telesecundaria
y sus actores se desarrollaban en el total anonimato. No esperaban a
nadie y nadie los esperaba. El poeta
portugués Pessoa lo expresa así:
He venido
aquí a no esperar a nadie,
A ver a los demás
esperar
A ser todos
los demás esperando
A ser la esperanza de todos los demás
Al
cruzar el área perimetral de la misma, delimitada con alambre de púas, nadie
nos esperaba, nadie nos conocía, ni conocíamos a nadie. Encontramos
a sesenta y cinco alumnos (más o menos equilibrados en términos
de género) tres anónimos profesores y un líder identificado como el director. En
total, cuatro actores escenificando la vida
cotidiana de la institución.
Su tarea principal por antonomasia es
enseñar. Esta actividad reforzada por dos etéreas herramientas: (que ellos mismos indicaron en sus
conversaciones y más tarde constatamos) la entrega
y el compromiso. Son la cabeza y
el corazón que les mueve hacer su tarea minuciosa.
Antes
de nuestra visita no esperaban a nadie.
Para ellos la esperanza no es un regalo.
Más bien es una desgracia. Esperar es siempre estar en falta, es desear lo que
no se tiene y en consecuencia es estar en cierto modo insatisfecho y ser desgraciado. Cuando se espera sanar es que
se está enfermo; cuando se espera ser rico es que se es pobre. De manera que la
esperanza, consideran, es mucho más un
mal que un bien y por eso trabajan sin
esperar nada a cambio. Ellos trabajan
con y sin la luz del big bhother,
su trabajo es totalmente anónimo e
invisible . En el aula de tercer
grado, encontramos a un grupo de unos catorce alumnos trabajando sus libros
en equipos, sin la presencia del maestro. Al comentar al respecto con el director, este
respondió que «van poco a poco aprendiendo a trabajar solos. Ésa es una de las
cosas que aprenden aquí». Desde el punto de vista del director, él y los demás
profesores procuran fomentar
la libertad entre los alumnos y les permiten moverse en sus actividades. «La
condición es que trabajen», dice.
Los profesores.
Durante
nuestra estancia observamos un
sistema de trabajo integrado por padres de familia, tres
docentes, los alumnos, y un astro mayor identificado como el director;
todos articulados por un fino engranaje
de funcionamiento. Una miscelánea
de formaciones converge aquí. Un equipo interdisciplinario conformado por: un maestro con formación pedagógica, un
filósofo, un arquitecto, un ingeniero civil. Babel a la inversa porque esta
variopinta gama de perfiles lejos de constituir un obstáculo en el mutuo entendimiento, lo afianza. Diversidad es riqueza y en este
caso riqueza en beneficio del perfil básico de egreso de los estudiantes de
esta escuela telesecundaria.
Estos profesores
siempre trabajan no se detienen
en nimiedades, ni en pretextos, ni en creencias validadas por la empiria y la
tradición. Simplemente trabajan. Ellos son una prueba diáfana que derriba el
mito que el docente universitario sesgue sus prácticas al qué por adolecer del cómo porque su tarea la hacen bien. Los docentes de esta
escuela validan que un profesor de carrera no necesariamente es
mejor que uno de extracción universitaria.
En un medio abigarrado, vulnerable y
hostil como el que circunda a la Escuela Telesecundaria Sor Juana Inés de la Cruz
encontramos profesores de los que inferimos
que una de sus pocas satisfacciones que tienen es hacer asequible el conocimiento a sus
alumnos dotándolos de los aperos elementales para esquivar el dogma y la
certeza para luego participar como ciudadanos plenos.
Las aulas,
estructuradas formalmente como tales, cuentan con televisores que también
permanecen aparentemente en desuso. El hecho es que el sistema permaneció
apagado durante el tiempo que pasamos ahí y la antena lucía incluso oxidada
(aunque no hicimos más para constatar su funcionamiento). El director de la
escuela se refirió a un desfase entre los contenidos del libro, el ritmo de los
estudiantes y los temas transmitidos. La escuela no tiene la capacidad para
grabar las transmisiones y formar su propia videoteca. Al no contar con equipo
para grabar los programas y verlos en otros horarios, se perdía el sentido del
uso de la televisión. Lo cierto es que los televisores estaban apagados y se
veía polvo sobre los botones de control. No es difícil pensar que hace tiempo
no los usan.
Nos reservamos cualquier opinión en
este espacio respecto al sistema de escuelas de telesecundarias en el país, su
rendimiento y sus resultados. Nos limitamos simplemente a mencionar que la
operación exitosa de esta telesecundaria se sustenta en una acción pedagógica
fundamentalmente, si no es que exclusivamente,
presencial.
“Que pedagogos éramos cuando no
sabíamos de pedagogía” ha dicho
Pennac, y esta realidad lo confirma.
El
ser humano no sólo necesita conocer, disfrutar, gozar, propiciar y participar de la cultura y el arte, porque
la riqueza del hombre no sólo es
material sino también espiritual, esta última
le permite vivir íntegramente de una manera distinta, plena. Para la
mayoría de los estudiantes de esta telesecundaria la única vía para disfrutar,
las maravillas del Beaubourg y otros
espacios afines, es a través de la escuela y sus profesores. En consecuencia,
faltar a sus labores significa privarlos
impunemente del más valioso bien escolar, conocimiento. Significa privarlos
este legítimo derecho.
Aunque
el conocimiento es intangible y no
podamos tocarlo, ni acariciarlo, ni apapacharlo, ni abofetearlo, si podemos __y lo hacemos__ manipularlo y
hacer uso de él. En este sentido, un día
sin clases para los alumnos significa un día sin conocimiento y sus
profesores lo saben bien.
En entrevista, una madre de familia
expresa que «de la secundaria no hay ninguna queja». Ninguno de los padres de
familia se queja de los maestros. «El director es bueno. Los maestros llegan
temprano y son un ejemplo para los niños». Otra madre reitera lo dicho: «el
director es bueno, los maestros son trabajadores y nunca salen temprano.
Siempre hay clases». Una más agregó: «no era así en la primaria, los maestros
llegaban tarde».
¡Paradoja¡ una escuela telesecundaria sin “tele” (en uso
aparente). No obstante, la precariedad
no es una limitante. Sus profesores palian las
deficiencias materiales con acciones propias. El producto de su
intervención: una práctica sui generis, funcional y agradable a
juicio del alumnado. Por estas razones
la escuela ha ocupado los mejores
resultados en las pruebas estandarizadas que en este nivel se aplican.
Desde
el año 2010, fecha en que se publicó el libro
”Gestión y calidad de la educación básica: casos ejemplares de las
escuelas públicas mexicanas” que da cuenta de esta experiencia la
escuela dejó de ser un lugar
anónimo para hacerse demasiado
visible. Su malla perimetral cayó sin más. Los muros y fronteras
artificiales desde los ochentas del siglo pasado siguen cayendo. La dinámica de la globalización, el trabajo mutantis mutantis de sus profesores y la
ubicuidad de la escritura hacen que
hoy podamos estar en esta
escuela, aún sin estar.
La
telesecundaria sin “tele” de la
marginal población de “Zoto”, como le dicen los lugareños, contraviene
la hipótesis “a mayor infraestructura escolar
mejores resultados académicos”.
Este ejemplo grita en silencio que también con poco se consigue mucho y que algunas veces el compromiso intrínseco de
los actores para con su tarea primordial impacta positivamente; mejor que la
infraestructura y el equipamiento de las instituciones. Esto último importa,
pero no determina el éxito de una
escuela. En este caso, la “tele” resultó
un accesorio suntuoso, y por lo mismo prescindible.
Después
de charlar con todos los actores de la comunidad educativa y efectuar las
observaciones directas en las instalaciones, constatamos que nos encontrábamos ante el caso de una escuela única. Una telesecundaria que no basa su
actividad pedagógica en el aparato de
televisión, sino en el accionar de sus alumnos, tres singulares profesores y un
director.
En suma
¿Qué hace que
esta escuela sea exitosa? Varias cosas
esbozadas anteriormente. Algunas de ellas no dejan duda para que la Telesecundaria Sor Juana Inés de la Cruz
sea una escuela merecedora del reconocimiento de calidad.
El primer punto que
pondríamos sobre la mesa es que no hallamos evidencia alguna de que la
telesecundaria base su actividad en el
aparato de televisión y, como señalamos, nos preguntamos si este hecho no sería
uno de los elementos de éxito de este centro escolar. Para quienes la
visitamos, la institución cubre todas las condiciones de una secundaria regular
y presencial, con maestros regulares y no con monitores capacitados como tales.
Otro factor de
éxito importantísimo, plenamente reconocido en la literatura sobre la
administración escolar, proviene sin duda de la capacidad de gestión y
liderazgo del director de la escuela.
En
tercer lugar, resulta inspirador ver lo que esta escuela ha conseguido con lo
poco que tiene. Encontrar profesores multiplicando el pan y el pescado no es un
hecho muy recurrente en las escuelas de nuestra entidad. Confirmamos
que el gasto invertido en educación es un pésimo indicador para la premisa: a mayor presupuesto, mejores
resultados. No siempre lo más costoso es
lo mejor. La calidad cuesta, pero el costo no es la forma de medir la
calidad.
Finalmente
ningún curso, ningún taller, ninguna técnica, ninguna estrategia, ningún material (incluida la
televisión) tendrán sentido si no son aprovechados con volición, inteligencia,
entrega y convencimiento de los profesores. En la suma de lo anterior,
encontramos respuesta a la
pregunta inicial ¿qué hace que esta escuela sea exitosa?
El
imperativo de mi jefa se cumplió con un serpenteo de ideas emanadas del entendimiento de un hecho
social observado desde mi perspectiva. “La condición es que trabajen” contiene juicios y opiniones emanadas de mis
inferencias realizadas a la luz de observaciones y testimonios. Verdades
momentáneas. Sin pretensión de generalizarlas. Validas para un espacio íntimo y
particular, no más. El lector queda en libertad de compartirlas o no. Ideas que forman parte de un escrito que pudo
haber sido otro y no fue. Pudo ser mejor o no. Finalmente aquí está. El imperativo de escribir no espera.
Bibliografía.
Pennac Daniel,(1999) Como una novela, SEP México.
SEP, (2010) Gestión
y calidad de la educación básica. Casos ejemplares de escuelas públicas mexicanas, SEP, México.
Tofller, Alvin y Toffler, Heidi, (2006) La
Revolución de la Riqueza. Debate, España
[1] Las áreas verdes de la
escuela albergan celosamente algunos arbustos denominados “sotoles”.
(planta que da el nombre al pueblo, casi
extinta debido a la sobreexplotación ,). El sotol es una planta herbácea,
xerófila y de copa redonda. El nombre común de esta es “cuchara del desierto”,
surge del hecho de que cuando sus hojas secas se caen o se arrancan de la
roseta son parecidas en su base a la forma de una cuchara

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